La construcción está viviendo ahora mismo una gran transformación, impulsada sobre todo por la necesidad de reducir el impacto ambiental. Y, además, por el intento de optimizar al máximo el uso de los recursos. En este contexto, surge un enfoque innovador que cambia por completo la forma en la que entendemos los edificios. Ya no son solo espacios habitables, sino que pasan a ser auténticos bancos de materiales. De esta manera, mejoramos su ciclo de vida y conseguimos que los edificios tengan más valor además de su uso inicial. Es una visión que se enmarca dentro de lo que se conoce como economía circular. Sigue leyendo, porque te lo vamos a contar todo sobre esta idea.
Contenidos
¿Qué significa que un edificio sea un banco de materiales?
Cuando hablamos de edificios que han sido concebidos como bancos de materiales, hablamos de construcciones que han sido diseñadas y gestionadas para el futuro reaprovechamiento estructural de todos sus componentes. Es decir, que todos y cada uno de sus elementos se han seleccionado, instalado y documentado con un objetivo: poder ser desmontados, recuperados y reutilizados para garantizar una mayor vida útil.
Es un enfoque que rompe por completo con lo que hasta ahora conocíamos como modelo tradicional lineal, que consistía en extraer, fabricar, usar y desechar. Ahora este se sustituye por un sistema circular en el que los materiales permanecen en uso el mayor tiempo posible. Ya no son residuos tras una demolición, sino que pasan a ser de nuevo recursos valiosos para otras construcciones.
Pero, claro, para lograr esto es imprescindible aplicar estrategias de diseño para desmontaje (DfD), que permiten separar fácilmente los distintos elementos sin que los dañes. Además, es crucial priorizar materiales duraderos, reciclables y reutilizables. E incluso se apuesta más por sistemas constructivos modulares para facilitar su desmontaje.
Es un concepto que está estrechamente ligado al análisis del ciclo de vida de los materiales. No consideramos solo su impacto durante la construcción y el uso del edificio, sino también su potencial en fases posteriores. Y esto permite tomar decisiones mucho más sostenibles, abogando por lo que se conoce como construcción responsable.
El concepto de pasaporte digital de materiales
Uno de los pilares de los edificios que sirven como bancos de materiales es el conocido pasaporte digital de materiales. Este es un documento digital que recoge toda la información sobre los componentes, como:
- Tipo de material
- Origen y fabricante
- Propiedades técnicas
- Vida útil estimada
- Posibilidades de reutilización o reciclaje
- Ubicación
- Datos sobre el desmontaje
Gracias a esto, lo que se consigue es facilitar la gestión del edificio a lo largo de todo su ciclo de vida. Sobre todo en fases como rehabilitación o demolición, por ejemplo. Porque los trabajadores pueden identificar cuáles son esos materiales que se pueden recuperar, en qué estado se encuentran o cómo se pueden reusar. No solo mejora la trazabilidad de los materiales, sino que fomenta la transparencia y la toma de decisiones. E incluso permite que las empresas creen bases de datos que conecten la oferta con la demanda de esos materiales que se han ido recuperando.
Materiales con mayor potencial de recuperación
No todos los materiales se pueden recuperar con la misma facilidad, puesto que es cierto que hay algunos que destacan por su capacidad de reutilización sin pérdida de calidad. Los más interesantes en este sentido son:
- Acero estructural. Es uno de los más valiosos en términos de reaprovechamiento cultural, porque puede desmontarse, reutilizarse o reciclarse sin perder propiedades.
- Madera. Si procede de fuentes sostenibles, es incluso más interesante. Ofrece grandes posibilidades de reutilización, tanto en elementos estructurales como en revestimientos.
- Hormigón prefabricado. El hormigón tradicional puede ser complejo de reutilizar, pero los elementos prefabricados sí que pueden desmontarse y reutilizarse en algunas condiciones concretas.
- Vidrio. Totalmente reciclable y, además, no pierde nada de su calidad original. Aunque es cierto que su recuperación depende en gran medida de que se separe y se trate de forma correcta.
- Materiales como aluminio o cobre. Tienen un alto valor económico y, además, son fácilmente reciclables. Eso incentiva su recuperación y su reutilización.
Beneficios económicos y medioambientales
El mero hecho de adoptar este enfoque de ver los edificios como un banco de materiales trae consigo una gran cantidad de beneficios tanto económicos como ambientales. A nivel económico, te permite ahorrar en costes de materiales, puesto que reutilizar puede ser más económico que comprar materiales nuevos. Además, surgen mercados de materiales recuperados y nuevas oportunidades de negocio. A esto hemos de sumarle que un edificio que haya sido diseado de esta manera tendrá más valor a largo plazo, haciendo que se incremente su precio. Y también nos encontramos con una reducción notable de los costes de demolición.
Pero, además, son muy interesantes los beneficios a nivel medioambiental:
- Al reutilizar materiales, se evita que se generen más residuos que acaban en vertederos y provocan más problemas a largo plazo.
- Junto a esto, se reduce notablemente la necesidad de materias primas vírgenes.
- Y, además, disminuyen las emisiones porque la producción de materiales reciclados suele requerir menos energía.
- Por último, conseguimos una optimización del ciclo de vida, reduciendo así el impacto global de los materiales.
Tecnología BIM aplicada a bancos de materiales
La metodología BIM (Building Information Modeling) juega ahora mismo un papel fundamental en la implementación de estos edificios como bancos de materiales. Eso se debe a que es capaz de integrar información detallada en modelos digitales, permite gestionar de forma eficiente todos los datos que tienen relación con los materiales y, además, facilita las consultas. A través de esta tecnología, podemos:
- Incorporar el pasaporte digital de materiales dentro del propio modelo del edificio.
- Visualizar la ubicación exacta de todos y cada uno de los componentes.
- Analizar el ciclo de vida real de los materiales.
- Planificar todas las intervenciones futuras: mantenimiento, rehabilitación, desmontaje.
- Optimizar el diseño para así facilitar el reaprovechamiento estructural.
A esto hemos de añadirle que también hace que la colaboración entre distintos agentes del proyecto sea mucho más sencilla. Porque permite que mejore la coordinación y, además, reduce errores. Asimismo, permite simular distintos escenarios; gracias a esto, podrán tomarse mejores decisiones desde las fases iniciales del diseño. El combinar este tipo de tecnologías con otras, como IoT (Internet de las Cosas), o la Inteligencia Artificial, abre nuevas posibilidades para monitorizar el estado de los materiales y, además, optimizar su uso a lo largo del tiempo.
Casos prácticos y tendencias en Europa
Europa se ha posicionado como una de las regiones más avanzadas a la hora de adoptar este nuevo concepto de edificios como bancos de materiales. Por ejemplo, en Países Bajos se han desarrollado iniciativas muy interesantes que buscan promover el uso de los materiales reciclados y la creación de pasaportes digitales. Además, son muchas las ciudades que están estableciendo requisitos que hacen que los nuevos edificios incluyan información detallada sobre los materiales. E incluso encontramos proyectos de oficinas y viviendas que ya han sido diseñados como bancos de materiales. Normalmente, estos usan sistemas modulares, conexiones reversibles o materiales que son fácilmente separables.
En Alemania y en Bélgica también se están impulsando plataformas digitales que conecten la oferta y la demanda de estos materiales, facilitando su comercialización. Además, a nivel normativo, la Unión Europea está desarrollando estrategias para fomentar la economía circular en el sector de la construcción.
Todas estas nuevas tendencias apuntan a que, cada día más, tendemos a una integración de la digitalización, el diseño circular y la trazabilidad de los materiales. Este concepto de banco de materiales acabará por ser un estándar en los próximos años, impulsado tanto por la normativa oficial como por la creciente demanda privada de soluciones sostenibles.

